Autor: Dr. Tulio Ortiz
Los estudios jurídicos en lo que hoy es el territorio de la República Argentina preexisten a la fundación de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, que es un hecho más cercano en el tiempo. A partir de 1791 existieron en Córdoba. Poco más de un siglo antes, en Charcas (que integraba el Virreinato).
En Buenos Aires, tras un intento frustrado a finales del siglo XVIII (Gutiérrez, 1863) -tal vez por la resistencia que se ofrecía a los abogados y que databa de los tiempos fundacionales de la ciudad [1] ), se erige en el año 1814 la Academia Teórico Práctica de Jurisprudencia que habría de perdurar hasta el año 1872 [2] . La Academia fue creada en virtud de una norma emanada del gobierno del Directorio, vale decir de una autoridad nacional que le encomendaba la formación práctica de los futuros abogados, y agrego, de buena parte de la clase dirigente. De lo cual se desprende que nace de un gobierno nacional aunque dependiendo de la Cámara de Apelaciones que era (en Buenos Aires) el órgano judicial máximo que había reemplazado a la antigua Audiencia virreinal, suprimida en 1812. Empero, la caída del Directorio en 1820 no arrastró a su criatura ya que la Academia subsistió como entidad de la provincia de Buenos Aires hasta aquel año 1872. Integraban la Academia abogados, siempre que estuviesen registrados en la Cámara de Apelaciones, pero también doctores, licenciados y bachilleres egresados de otras universidades (tal como las ya citadas existentes en el antiguo territorio virreinal). Los cursos de derecho que brindaba la Academia duraban tres años durante los cuales se estudiaba principalmente el derecho indiano y patrio. El examen final se rendía ante la Cámara de Apelaciones y constituía un hecho muy importante desde el punto de vista académico y social.

Pero en 1821, a iniciativa de Antonio Sáenz, del cual nos ocuparemos luego, se crea la Universidad de Buenos Aires [3]. Por edicto de Erección del 9 de agosto de 1821, que firma el gobernador Martín Rodríguez y su ministro Bernardino Rivadavia se instituye, entre otros, el Departamento de Jurisprudencia (que contaría con las dos primeras Cátedras, Derecho Civil a cargo de Pedro Somellera y Derecho Natural y de Gentes cuyo titular sería el Dr. Antonio Sáenz), y que es el antecedente universitario más directo de la actual Facultad [4]. Desde luego que la Universidad de Buenos Aires nace como una entidad provincial (se mantendría así hasta principios del año 1881) y, por ende, su Departamento de Jurisprudencia lo era también. Y esto por la simple razón de que no existía en ese momento autoridad nacional alguna. Su Rector (el primero, que sería el mismo Sáenz), profesores, personal, etc. eran solventados por el gobierno de la provincia, vale decir por los contribuyentes de Buenos Aires y demás recursos fiscales de la provincia. Esta situación permaneció, como decíamos, hasta la denominada Federalización del municipio de Buenos Aires lo que en realidad implicó su nacionalización. La provincia del mismo nombre así como quedó, por un tiempo, sin capital, también debió transferir su Universidad. Todo esto tras la guerra civil de 1880 (eufemísticamente llamada “la rebelión de Tejedor”) y miles de muertos.
Ahora bien, desde 1821 hasta la desaparición de la Academia de Jurisprudencia los estudios jurídicos estaban dispuestos en dos niveles, el académico, cuyo titulo lo daba la Universidad (“Doctor en Jurisprudencia”) y el profesional, que habilitaba para litigar o abogar por alguna causa. Pero en forma sucesiva, vale decir, primero debían cursarse los estudios en el Departamento de Jurisprudencia de la Universidad y luego en la Academia de Jurisprudencia, con un total de cinco o seis años, según la época. Lo cual, no evitaba superposiciones y previsibles controversias doctrinarias que debía sortear el estudiante de derecho [5].
Este sistema cruzó las vicisitudes de la historia política de entonces. La creación de las Provincias Unidas en 1826, la caída del gobierno rivadaviano poco después, la época de la Confederación, en donde la Universidad perdió el apoyo financiero del gobierno de la provincia de Buenos Aires, por decisión de Rosas [6]. La caída de éste, la sanción de la Constitución de 1853, que no reconocerían en Buenos Aires, la lucha entre porteños y urquicistas. La creación del soberano Estado de Buenos Aires, el triunfo del partido porteño en Pavón, la Unión de la República Argentina a partir de las Presidencias de Mitre y de Sarmiento. En fin, lo que se denomina la etapa de gestación del estado moderno argentino. En todos y cada uno de estos hechos tuvieron participación activa estudiantes y profesores del mundo jurídico. Desde el autor del Himno Nacional hasta figuras hoy menos conocidas como el doctor José Maria Moreno (Decano de la Facultad en 1877), que en la década del 50, alternaba sus estudios de abogacía con la militancia político militar en el partido mitrista (Malaver, 1883, I) [7]. Asimismo, como nos referiremos mas adelante, es singular la actuación política, militar y estudiantil de Adolfo Saldías [8].
En 1874 se crea la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires [9] en virtud de lo dispuesto por la Constitución del año anterior. El decreto de erección lo firma el entonces gobernador de la Provincia don Mariano Acosta (que sería vicepresidente de la República desde 1874 a 1880), reemplazando al sistema entonces vigente, que ya tenía, por entonces, unos 60 años de existencia, que era casi el lapso de la historia de nuestro país [10].
La Constitución de 1873 de la Provincia de Buenos Aires fue una institución de extraordinaria importancia dado el contenido de sus normas y la alta calidad de los debates en el cual participaron los principales hombres públicos de entonces (Convención Constituyente, 1877) [11].
Pocos años antes, en 1871, había ocurrido un hecho de notable importancia que paso a exponer para plantearnos la hipótesis sobre la vinculación de estos sucesos con la reforma de 1873, el decreto del año siguiente y la aparición de la Facultad de Derecho en nuestra historia.
Era el mes de diciembre y transcurrían los clásicos exámenes cuando una noticia conmovedora sacudió el antiguo Departamento de Jurisprudencia de la Universidad de Buenos Aires. Roberto M. Sánchez se había suicidado tras ser aplazado en la mesa de Derecho Romano. Sánchez era un estudiante de origen sanjuanino que nunca sospechó que su apellido se convertiría en bandera de agitación que trascendió el mero marco circunstancial de aquel malhadado examen para exigir una profunda reforma. Así nació el “Movimiento 13 de diciembre” (Cortabarría, inédito) que acaudillaba Estanislao Zeballos y que llegó, inclusive, a tener su propio órgano de difusión, sus asambleas y peticiones elevadas a las autoridades, no solo de la Universidad sino también del gobierno provincial.
No se puede descartar que estas convulsiones, y las que siguieron al año siguiente, hayan sido motivo para que en la Convención Constituyente se introdujera el tema universitario y se resolviera incluir los arts. 33 y 207 al proyecto de Constitución provincial estableciendo un sistema de Facultades en la Universidad de Buenos Aires [12]. En base a tal norma fue que se dictó el ya referido decreto del mes de marzo de 1874 que daba operatividad al precepto constitucional.
Este fue el origen de la actual Facultad de Derecho (sucesora directa del antiguo Departamento de Jurisprudencia) que tuvo en Manuel Quintana su primer Decano. Pero lo más interesante es que, a raíz del nuevo sistema, la autoridad recaía en un órgano llamado la Academia de Derecho o simplemente “Academia”, (que no hay que confundir con la extinta de denominación parecida que había sido creada, como vimos, por el Directorio en 1814 y que perduró hasta 1872).

Desde ahora el gobierno de la Facultad de Derecho recaería en “la Academia” como se la denominaba usualmente y que estaba integrada por 14 miembros vitalicios (designados por el ejecutivo provincial) que cooptarían a sus futuros integrantes, no siendo necesario tener títulos jurídicos para integrarla (tal el caso de Bartolomé Mitre que fue miembro de la Academia hasta su muerte).
Por debajo de este órgano estaban los profesores o catedráticos (que no necesariamente eran académicos) designados por la propia Academia hasta 1885 [13], y el personal administrativo. Esta situación habría de perdurar hasta la reforma del año 1906 que, como veremos, fue también resultado de otra convulsión estudiantil.
Es decir, que desde 1874 hasta 1906 el gobierno de la Facultad estuvo en manos de la Academia aunque en el ínterin ocurrieron dos cosas fundamentales.
En 1881 la Universidad se nacionalizó y por ende la Facultad de Derecho. Cuatro años después, en 1885, se dictó la denominada ley Avellaneda que estableció el régimen para las universidades nacionales (por entonces sólo Córdoba y Buenos Aires) y que habría de regir hasta el año 1947 [14].
Desde su creación y hasta 1906 la Facultad presenció, y sus miembros fueron protagonistas [15], sucesos de gran importancia como la Revolución de 1874 (el decreto de creación es del mes de marzo y la revolución estalló en septiembre), la Revolución de 1880, la ocurrida 10 años después, las revoluciones radicales de los años 1893 y 1905, y, en fin, del advenimiento, crisis, resurrección y crisis nuevamente del Roquismo. Ya veremos mas adelante el rol protagónico de relevantes miembros del Centro Jurídico y de Ciencias Sociales en estos acontecimientos. Este protagonismo permanente se prologó a través de las décadas, atravesó todo el siglo XX y llega hasta nuestros días.
Lo cierto es que el régimen de gobierno de las Academias perduró hasta principios del siglo XX [16]. En 1903/04 un movimiento estudiantil de vastas proporciones dentro de la Facultad de Derecho, con repercusiones aun en el gobierno nacional, puso punto final al gobierno de las Academias instaurando el gobierno profesoral. Esto es lo que se conoce como el Estatuto del año 1906 [17].
La Reforma Universitaria nacida en Córdoba en 1918 pronto tuvo repercusiones en Buenos Aires y al año siguiente es elegida la primera autoridad de la FD bajo los auspicios del movimiento renovador: Estanislao Zeballos.

Desde su creación la FD ha sido administrada por diversos regímenes legales y distintos estatutos.
La FD ocupó en sus primeros años dependencias de la Universidad (deambularon sus alumnos entre la sede del Colegio Central y el Convento de San Francisco) hasta que en 1877 se trasladó al flamante edificio de Moreno al 300 (construido bajo la dirección de Pedro Benoit ) [18]. Ahí permaneció casi medio siglo hasta 1925 en que pasó al nunca terminado de Av. Las Heras y Pueyrredón, en donde permaneció hasta el año 1949 en que se mudó a la Av. Figueroa Alcorta al 2200 donde está ubicada desde entonces [19].
Cabe reflexionar sobre el hecho de que en alrededor de 70 años la FD cambiara tres veces de sitio, inaugurando en cada caso un edificio de primer nivel, recientemente construido.
Lo cual da la pauta de la importancia y significación que los sucesivos gobiernos (de todo tipo) le daban a esta unidad académica.
En la introducción hemos esbozado un panorama general de los primeros 80 años de los estudios jurídicos en Buenos Aires dentro de los cuales está comprendida la Facultad creada en 1874. Ahí vimos la estrecha vinculación entre la historia de la Facultad y la historia de nuestro país que, por supuesto, siguió.
Hay dos formas de exponer la historia de la FD. A través de una exposición analítica en donde vamos relatando suceso tras suceso o bien tratando de estructurar algunas características que nos permitan abordar la misma problemática en modo sintético.
Para un desarrollo analítico, que puede ser objeto de otra oportunidad, queremos destacar que no debemos perder de vista algunos aspectos importantes.
En primer lugar, tengamos presente que hay cuatro planos en donde debe insertarse la historia de la FD. El plano de su política interna, de puertas para adentro, en una primera aproximación. Luego a ese aspecto doméstico debemos ubicarlo dentro de la historia general de la Universidad de Buenos Aires, de la cual es parte. En el paso siguiente insertaríamos ambas perspectivas en el marco más amplio de la historia nacional y, finalmente, ubicaríamos los tres planos anteriores en la visión global de una historia mundial. Veremos entonces que los cuatro planos interactúan entre si. Tanto en las cuestiones políticas coyunturales (pensemos el impacto de la II Guerra Mundial o de la Revolución Cubana sobre los otros tres planos), como en las cuestiones más lentas tal vez pero más persistentes cuales fueron –y son- los movimientos de las ideologías y doctrinas y su irradiación sobre todos los planos.
Este esbozo de la historia de la FD puede dividirse en al menos 11 etapas, cada una de las cuales debe ser insertada en la etapa correspondiente tanto de la historia de la UBA como de la nacional y de la mundial.
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